sábado, 21 de noviembre de 2009

La Importancia de Premiar la Buena Conducta de un Perro

La Importancia de Premiar la Buena Conducta de un Perro


Ralph Waldo Emerson dijo: “La única recompensa a la virtud es la virtud.” Una cosa está muy clara: al decirlo no estaba pensando en el género canino.

Si espera que su perro observe una conducta virtuosa de manera espontánea, con una sonrisa de oreja a oreja, se llevará un gran desengaño. “El perro no es egoísta o malo por naturaleza; tan sólo percibe las cosas de manera distinta a como las percibimos nosotros”, explica la doctora Joanne Howl. Su visión del mundo se reduce a una de estas tres percepciones: las cosas son buenas, malas o neutrales.

1.Las cosas buenas son aquéllas por las que es recompensado con comida, cariño o diversión. El perro se siente naturalmente atraído por ellas.
2.Las cosas malas son aquéllas que tienen consecuencias desagradables, como un sabor amargo o una púa clavada en el hocico. El perro aprende a evitar ese tipo de cosas.
3.Las cosas neutrales son aquéllas que su radar ni siquiera detecta y que no desperdician espacio en su cerebro.
Durante mucho tiempo, los adiestradores y los expertos en conducta animal pensaban que el mejor modo de enseñar a un perro buenos modales era manipulando su instinto para evitar las cosas desagradables. “Al perro que desobedecía órdenes o hurgaba en la basura se le regañaba o se le propinaba un golpe”, cuenta la doctora Norma C. Guy, veterinaria especialista en conducta en el Atlantic Veterinary College de Charlottetown, Isla del Príncipe Eduardo, Canadá. El objetivo era que asociase la mala experiencia con la conducta incorrecta y conseguir así guiarlo por el buen camino.

Efectivamente, esta teoría es bastante cierta. Imagine que es un perro y que se encuentra con una mofeta. De repente, una ráfaga de hedor pestilente azota su hocico. Cuando volviese a ver uno de estos animales, es probable que tuviera tanto miedo de que ocurriese lo mismo que daría un rodeo para evitarla, puesto que la asociaría con la fetidez y la repugnancia.

Suponga ahora que se halla tumbado tranquilamente en casa mordisqueando ese suculento objeto de piel. No tiene ni idea de que es italiano y cuesta un dineral; sólo sabe que, de repente, su amo le ha dado un buen manotazo. Seguro que ahora asocia los zapatos de piel con el dolor pero también ve a su dueño desde un nuevo, y no demasiado grato, punto de vista.

“Es absolutamente erróneo enseñar modales mediante el castigo”, comenta la Dra. Guy. El perro que es castigado a menudo se vuelve temeroso y sufre ansiedad; eso hace que actúe de manera inadecuada, lo que, a su vez, genera incluso más reprimendas. “Es un círculo vicioso”, asegura la doctora.

La fascinación de los perros por los premios
Los expertos han descubierto que los perros aprenden mejor y más rápido cuando son recompensados por su buena conducta que cuando son sancionados por la mala. “Los sentimientos positivos que despiertan los premios duran mucho tiempo y el deseo de revivirlos los alienta a comportarse bien”, señala la Dra. Howl. Por otra parte, los perros que son recompensados por su buena conducta se sienten más unidos a sus propietarios y muestran menos temor que los que siempre son castigados.

Premiar la buena conducta no significa mimar al perro o darle galletas por lo tierno que se ve tumbado al sol. Significa que exista una respuesta positiva cuando obedezcan nuestras órdenes. Si su perro ladra, ordénele callar y prémielo al hacerlo. No tardará en comprender que obedecer una orden le beneficia, mientras que ladrar no le aporta nada en absoluto.

¿En que momento es adecuado premiar a un perro?
Si el perro tuviera alguna religión, sería budista ya que posee una tendencia natural a vivir el momento. Esto ocurre porque su memoria no es muy buena, por lo que no sirve de mucho premiarlos por actos que realizaron en el pasado -y para un perro el presente es pasado al cabo de unos segundos-. “Engullirá el premio en un santiamén pero no tendrá la menor idea de por qué se le premia”, asegura Liz Palika, adiestradora de Oceanside, California, y autora de All Dogs Need Some Traíning. “Si espera 10 segundos para recompensarlo por algo, será ya demasiado tarde.”

El perro en proceso de aprendizaje de modales no suele acertar a la primera. Probablemente deberá seguirlo de cerca para sorprenderlo haciendo algo bien. Puede que olfatee sus zapatillas y pase por encima sin pisarlas. “Recompénselo por ello de inmediato”, aconseja Palika. ¿Que pasa si se acerca a la basura y no se pone a escarbar en ella o se acurruca en la alfombra en lugar de en el sofá? ¡Prémielo con una caja de galletas!

¿Con qué Premiar a un perro?
Aunque para muchos perros la comida es la mejor recompensa, en realidad no es ni la única ni la mejor. En primer lugar, los perros engordan fácilmente y, por muy buenos que sean, eso no es conveniente. Algunos perros también se sienten motivados por los juguetes u otro tipo de premios. “Se debe tener muy en cuenta la personalidad y la raza del perro”, dice Palika.

Los perros de caza como el lebrel afgano o el galgo fueron criados para perseguir animales pequeños, por lo que generalmente les gustan los juguetes que hacen ruido y que pueden morder. “Los terriers se vuelven locos con los ratones de juguete de textura peluda”, explica Palika. “Fueron criados para cazar roedores, por lo que les encanta llevarse a la boca materiales que recuerden el pelo animal”, comenta la doctora. Los perros pastores, como el pastor australiano y los collies, no rechazan la comida pero unas persecuciones por el jardín acompañadas de lanzamiento de objetos causan un mayor impacto.

“Si no encuentra el premio adecuado para su perro, llévelo a la tienda de animales y déle un buen paseo por ella”, sugiere Palika. Amplíe el circuito a la sección felina, pues muchos perros (sobre todo los escarbadores, como el perro salchicha) adoran los juguetes con forma de roedor. Deje que husmee las ofertas. Sostenga algunos juguetes delante de él y observe por cuál de ellos muestra interés. Cuando se incline por uno, habrá hallado el juguete ideal para él.

La importancia de premiar poco, pero bien.
“Del mismo modo que los niños que se acostumbran a tomar helado para cenar creen que tienen derecho a ello, los perros olvidan el significado de la recompensa cuando la obtienen demasiado a menudo”, explica Ama Marder, profesora de enfermería en la Facultad de Veterinaria de la Tufts University de North Grafton, Massachusetts, y vicepresidenta de los departamentos de medicina de la conducta y servicios de animales de compañía de la sociedad americana contra los malos tratos a animales de Nueva York. “Al principio se puede ser indulgente”, añade la Dra. Marder. Cuando empieza a aprender cosas nuevas, nos gusta premiarlo, pero pasadas unas semanas llega el momento de reducir los premios. “Recompénselo cada dos o tres veces que se comporta bien”, aconseja la doctora. En pocos meses, la buena conducta se convertirá en habitual. Llegado ese momento, prémielo sólo ocasionalmente.

Observando las reacciones de su perro, sabrá si le está premiando con demasiada frecuencia. Ver u oler un premio debería suscitar en él un gran entusiasmo, pero si le mira con displicencia, significa que está siendo demasiado generoso o, quizás, que ha llegado la hora de buscar un premio que sí le entusiasme.

La importancia de ayudar al perro a cumplir una orden
Algunos perros no lo acaban de entender. Puede que su perro responda con indiferencia a la orden de “¡siéntate!” o que le ordene bajarse del sofá y él simplemente se desperece y bostece. Usted espera ansioso a que haga algo (cualquier cosa) por la que lo pueda premiar. Mientras tanto, él mordisquea alegremente sus zapatos o alza su patita ante sus botas de agua.

“No se puede esperar toda la vida”, afirma la Dra. Guy. En ocasiones es preferible ayudar a su perro a que se comporte correctamente. “Si lo pilla a media faena, levántelo, llévelo fuera y deje que termine allí”, aconseja la doctora. “Luego prémielo allí mismo.” Aplique esta técnica siempre que encuentre a su perro haciendo algo que no debería.
Imagine que lo encuentra con la cabeza sumergida en el cubo de la basura. Sujételo por el collar y hágale pasar cerca de la basura un par de veces sin dejar que se detenga a husmear. Entonces, prémielo. Así empezará a entender que ciertas conductas, como no husmear la basura o no morder los zapatos, le proporcionan premios.

Fuente: Manual de Educacion Canina; Matthew Hoffman

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